Descripción del episodio
La guerra de Ucrania ha entrado en una fase de puro desgaste. Pasado ya el año y medio desde la invasión rusa, el esfuerzo de ambos contendientes se concentra ahora en los ataques a largo alcance. Tanto rusos como ucranianos son conscientes de que no pueden imponerse por tierra en el frente y lo confían todo a enjambres de drones y misiles que castigan las respectivas retaguardias, eso sí, con predilección por refinerías, centrales eléctricas, puertos y ciudades a cientos de kilómetros del frente. La guerra se libra hoy en cuatro planos distintos que no suelen coincidir, pero que se retroalimentan el uno al otro. El primero es la campaña de ataques aéreos recíprocos que este verano ha alcanzado cotas no vistas hasta la fecha. Este mismo domingo Ucrania lanzó una de sus mayores ofensivas aéreas de toda la guerra. Los rusos aseguran que derribaron más de 800 drones ucranianos, pero algunos si que acertaron porque han reconocido que hubo seis víctimas mortales en tierra. En Kiev han bautizado estos ataques como "sanciones de largo alcance", una campaña que Zelenski aprobó en junio de este año para forzar la negociación. Ya no apuntan solo a refinerías, ahora arden almacenes como los de Wildberries, una empresa muy conocida en Rusia que se dedica al comercio electrónico. Rusia está respondiendo con misiles balísticos, drones Shahed y bombas planeadoras. En una sola jornada de este mes el Estado Mayor ucraniano llegó a contabilizar más de 6.000 drones kamikaze rusos. El segundo plano es un frente terrestre estancado en el Donbás. Las ganancias rusas de julio rondaron los 30 kilómetros cuadrados, algo irrisorio en términos territoriales, pero con un coste humano muy alto. Pokrovsk y Myrnohrad cayeron en enero tras un asedio de año y medio y unas 100.000 bajas, pero los rusos no han logrado capitalizar esa conquista con avances sostenidos hacia el oeste. El campo de batalla se ha vuelto transparente y los drones destruyen cualquier concentración de fuerzas antes de que m