Volver al pódcast

Los coches de los ’90… NUNCA VOLVERÁN...

21 min 34 s

El Garaje Hermético de Máximo Sant Los coches de los ’90… NUNCA VOLVERÁN... Listo para escuchar
0:00 21 min 34 s

Descripción del episodio

Cierra los ojos por un momento y recuerda la verdadera sensación de conducir: el tacto firme de una palanca de cambios manual, una dirección hidráulica que transmite cada imperfección del asfalto a tus manos y el rugido de un motor real, sin altavoces ni filtros artificiales. Coches de los 90 con "conducción analógica". Para muchos aficionados, los años noventa representaron el auténtico clímax evolutivo de la ingeniería mecánica aplicada al automóvil. Fue un breve y mágico puente de cristal entre dos mundos: atrás quedaban los caprichosos carburadores y los problemas de corrosión de los ochenta gracias a la llegada de la inyección electrónica generalizada; pero las pantallas, la hiperconectividad y la electrónica invasiva de la década de los dos mil aún no habían tomado el control. Los coches de los noventa eran fiables, pero seguían teniendo un alma analógica e indomable. ¿Por qué esta gloriosa época jamás podrá volver a repetirse? La respuesta se esconde tras una combinación de factores económicos, políticos y tecnológicos que cambiaron las reglas del juego para siempre en los despachos de todo el mundo. El primer gran cambio fue económico. A principios de la década, los ingenieros aún mandaban sobre los contables. El ejemplo más absoluto de esta filosofía fue el Mercedes-Benz Clase S W140 de 1991. Desarrollado bajo la premisa de construir el mejor coche del mundo sin importar el coste, la marca invirtió mil millones de dólares en un transatlántico con doble acristalamiento, puertas con cierre neumático asistido y antenas cromadas que brotaban de las aletas para ayudar a aparcar. El coche era soberbio, pero tan excesivamente sobreingenierizado que casi quiebra a la propia compañía. Tras las duras críticas por su elevado peso y precio, los departamentos financieros tomaron el control absoluto de la industria. Nació la "ingeniería de valor": la consigna ya no era hacer el mejor producto posible, sino uno lo suficientemente bueno para superar sin problemas el