Descripción del episodio
En enero de 1945 los aliados intuían que la guerra entraba en su recta final, aunque nadie acertaba a fijar la fecha del desenlace. El teatro europeo de operaciones parecía más cerca del final que el del Pacífico. Alemania estaba cercada por el este, el oeste y el sur, mientras que el archipiélago japonés todavía resistía. Aún no se habían librado las batallas de Iwo Jima y Okinawa, por lo que el alto mando estadounidense calculaba que aquello no terminaría hasta mediado el año 1946 a un coste muy elevado en vidas. Lo que sí dominaban los aliados sin discusión era el aire, y de ese dominio surgiría la mayor campaña de bombardeo estratégico de la historia. En el Reino Unido Arthur Harris, al frente del Bomber Command, era partidario del bombardeo de área nocturno, concebido expresamente para incendiar ciudades enteras y romper así la moral de los civiles. Los estadounidense preferían el bombardeo de precisión diurno sobre objetivos industriales bien elegidos con anterioridad. Disponían de ciertos avances como la mira Norden y contaban con buenos cazas de escolta como los Mustang que protegían a los bombarderos. En la Conferencia de Yalta celebrada en febrero Roosevelt y Churchill decidieron desatar una campaña de bombardeos que aliviase presión a los soviéticos en el frente del este impidiendo que el ejército alemán pudiese desplazar tropas y pertrechos hasta allí. Ese mismo mes atacaron con furia Berlín el día 3 y Dresde entre los días 13 y 14 con tres oleadas combinadas que desataron una tormenta de fuego que en su centro superó los 1.500 grados. Unas 25.000 personas murieron en el bombardeo, pero no sería el único. Le siguieron otras ciudades como Pforzheim, Wurzburgo y Magdeburgo que fueron destruidas, incluso en mayor medida que Dresde. Pero lo que marcó la diferencia no fue tanto la destrucción de las ciudades como los ataques sobre la infraestructura ferroviaria, algo que terminó paralizando por completo el Reich. En el Pacífico el cambio vino de la mano de