Descripción del episodio
La guerra de Ucrania ha entrado en una fase en la que ambos bandos atacan la retaguardia del contrario, pero el castigo no se reparte por igual. La retaguardia ucraniana es realmente la Unión Europea y el Reino Unido, que este año han aprobado un paquete de 90.000 millones de euros en ayuda y estudian otro paquete similar financiado con activos rusos congelados. Los centros logísticos del ejército ucraniano están realmente en Polonia, Alemania o Rumanía. Rusia, en cambio, paga la guerra con hidrocarburos que vende a descuento a China y la India, y sus aliados, Irán y Corea del Norte, están en la ruina. La asimetría se observa son un simple vistazo. Los drones ucranianos alcanzan objetivos hasta la misma Siberia y han inutilizado más de un tercio de la capacidad de refinamiento rusa, con la consiguiente crisis de suministro de combustible. En Ucrania las gasolineras funcionan con normalidad gracias a las importaciones desde Europa. En Rusia la producción industrial se mantiene plana a pesar de que el gasto militar disparado, los ucranianos, por su parte, han desplazado parte de su producción al resto de Europa, un lugar al que Rusia no puede atacar. Sin un aliado dispuesto a atacar a la OTAN y a absorber las represalias, al Kremlin solo le queda la vía de la guerra híbrida. Se han encontrado drones explosivos en un aeropuerto alemán, se han producido ciberataques contra los ferrocarriles polacos, un incendio en una empresa de defensa estonia, explosiones en polvorines italianos y búlgaros, y proliferan los saboteadores reclutados por Telegram. Los incidentes han pasado de unos 10 al mes en 2024 a unos 15 desde el mes de abril. La ambigüedad beneficia a Putin, porque atribuirle todo este desorden refuerza gratis su reputación. El objetivo es obviamente político. Trata de erosionar el apoyo occidental a Ucrania y agitar la política interna de Alemania, Francia, Finlandia, Estonia y Polonia, que tienen elecciones en los próximos meses. Pero la estrategia no termina d