Descripción del episodio
Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! En el verano del 430 a. C. una enfermedad sin nombre entró por el Pireo y en solo cuatro años había matado a un tercio de los atenienses. Venía, según Tucídides, del África más allá de Egipto, pero encontró en la Atenas de aquel entonces el escenario ideal. Pericles había ordenado evacuar el Ática y encerrar a su población tras las Murallas Largas, confiando en que la flota bastaría para desgastar a Esparta. El plan era brillante sobre el papel, pero no contaba con la biología. Cientos de miles de personas quedaron encerradas en un espacio muy pequeño sin saneamiento alguno. El contagio fulminó la ciudad en cuestión de semanas. Empezaba con una fiebre repentina, se enrojecían los ojos, no se podía tragar, seguía con tos violenta y arcadas secas. Quien sobrevivía a esa fase tenía que pasar por otra de vómitos y diarreas. La mayoría moría entre el séptimo y el noveno día. Los supervivientes perdían los dedos a causa de la gangrena, la vista o la memoria. Tucídides pasó la enfermedad y la describió de forma precisa, casi como una historia clínica, sin recurrir a castigos divinos, para que alguien pudiera reconocerla si volvía a presentarse. De paso dejó la primera descripción documentada de la inmunidad adquirida. El desastre fue social además de biológico. Los médicos cayeron los primero y la gente concluyó que las reglas no valían, porque morían por igual piadosos e impíos, ricos y pobres. Pericles perdió a sus dos hijos legítimos, fue destituido, restituido después y al final murió a causa de la plaga en el año 429 a. C. Con él desapareció la única autoridad capaz de contener a la asamblea. Entre 75.000 y 100.000 personas murieron en los tres brotes que se registraron. No se sabe a ciencia cierta qué la provocó. Hace 30 años se descubrió mientras se realizaban obras del metro una fosa común con 150 cuerpos sin ajuar que se dataron en torno al a