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La batalla del Atlántico

10 min 38 s

La ContraHistoria La batalla del Atlántico Listo para escuchar
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Descripción del episodio

La conocida como batalla del Atlántico fue la campaña más larga de toda la segunda guerra mundial. Duró 68 meses sin una sola pausa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945. No tuvo la épica de otros frentes, pero resultó decisiva porque Gran Bretaña, una isla que en aquel entonces tenía 48 millones de habitantes, importaba por mar más de la mitad de sus alimentos y casi todas sus materias primas. Cortar ese cordón umbilical equivalía a estrangular la resistencia británica sin necesidad de invadir la isla. Churchill lo comprendió y bautizó en 1941 lo que estaba sucediendo en el océano con el nombre de batalla del Atlántico, que es como ha pasado a la historia. El arma de los alemanes fue el submarino. El almirante Karl Dönitz estaba convencido de que con 300 U-Boote podía asfixiar al Reino Unido, pero al empezar la guerra solo disponía de 57, de los cuales apenas 25 servían para el océano abierto. Sus superiores, encabezados por Erich Raeder, seguían soñando con grandes buques de superficie, pero la Kriegsmarine no estaba aún preparada al comenzar la guerra para medirse con la Royal Navy. Aun así, en los primeros meses el arma submarina cosechó varios éxitos muy celebrados en Alemania como el ataque de Günther Prien contra el Royal Oak en la base de Scapa Flow. La rendición de Francia en junio de 1940 lo cambió todo. Los puertos de Bretaña y del golfo de Vizcaya acortaron la ruta hacia las zonas de caza y dieron lugar a lo que los marinos alemanes denominaron los tiempos felices. Fue entonces cuando capitanes de submarinos como Otto Kretschmer hundieron miles de toneladas aplicando la táctica de las manadas de lobos. Frente a ellos, los británicos reactivaron el sistema de convoyes y confiaron en el sonar, que se demostró inútil contra submarinos que atacaban de noche y desde la superficie. La estrategia de Dönitz se basaba en la llamada guerra del tonelaje, es decir de hundir barcos aliados más deprisa de lo que los astilleros podían reponerlos. La entrada de Est