Descripción del episodio
—Te lo suplico, Robert —rogó Ned—, piensa bien qué dices. ¡Hablas de asesinar a una niña! —¡Esa puta está preñada! —El rey descargó un puñetazo que resonó como un trueno sobre la mesa del Consejo—. Te lo avisé, Ned, te dije qué iba a pasar. Te lo dije durante el viaje, pero no me hiciste caso. Pues ahí lo tienes. Los quiero ver muertos, a la madre y al bebé, y al imbécil de Viserys también. ¿Te ha quedado claro? ¡Los quiero ver muertos! El resto de los consejeros hacían lo posible por fingir que no se encontraban allí. Sin duda eran más inteligentes que él. Pocas veces Eddard Stark se había sentido tan solo. —Si lo haces, te deshonrarás para siempre. —Pues que caiga la deshonra sobre mi cabeza, mientras mueran. No estoy tan ciego como para no ver la sombra de un hacha cuando la tengo sobre el cuello. —No hay hacha alguna —dijo Ned a su rey—. Si acaso, es la sombra de una sombra de hace veinte años. —¿Si acaso? —preguntó Varys con voz suave, al tiempo que se frotaba las manos empolvadas—. Me tomáis por lo que no soy, mi señor. ¿Acaso presentaría yo una mentira al rey y al Consejo?