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Jason el impostor

52 min 16 s

La ContraCrónica Jason el impostor Listo para escuchar
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Descripción del episodio

Jason Arday era, hasta la semana pasada, catedrático de sociología de la educación en la universidad de Cambridge. Consiguió el puesto en 2023 cuando tenía 37 años, lo que le convirtió en el catedrático negro más joven en historia de esta centenaria universidad. Su ascenso parecía un milagro. Hijo de inmigrantes ghaneses criado en un barrio de clase trabajadora del sur de Londres, contaba que le habían diagnosticado autismo y retraso del desarrollo, que no habló hasta los 11 años y que no leyó ni escribió hasta los 18. A pesar de todo ello, en menos de veinte años se hizo con una cátedra en una de las universidades más antiguas y prestigiosas del mundo. A eso había que añadir méritos múltiples como filántropo, atleta y santo laico que recaudaba millones de libras corriendo maratones. Hasta cierto punto se entiende que los medios le adorasen porque su historia era realmente conmovedora. El problema es que esa historia no era cierta. Todo empezó hace cosa de un año con unas acusaciones de plagio en su tesis doctoral que realizó un periodista de Times Higher Education, una revista especializada en temas educativos. Pero el asunto quedó aparcado porque la universidad en la que hizo el doctorado, la John Moores de Liverpool, dio por buena la tesis. Poco después el biólogo Nathan Cofnas se encargó de revelar en Substack decenas de pasajes casi literales copiados de una tesis ajena que se presentó en 2009. La historia estalló cuando la retomaron grandes rotativos londinenses como The Times, The Daily Telegraph o The Guardian. La universidad de Cambridge respondió denunciando una vil campaña de desprestigio contra Arday, la izquierda mediática entretanto cerró filas con él hablando de racismo. Pero dos hechos lo cambiaron todo. El primero fue que Retraction Watch revisó la información relativa al plagio y constató que era cierta. Arday había plagiado de forma extensa otra tesis. En Cambridge, además, lo sabían. Peor aún, la universidad hizo todo lo posible para intimidar