Descripción del episodio
El discurso antiinmigración impulsado por la primera ministra Giorgia Meloni sigue ganando terreno de cara a las elecciones de 2027, a pesar de que numerosos sectores —especialmente el agrícola— sufren una aguda falta de mano de obra. Nuestro corresponsal en Italia, Heriberto Araujo, visitó un olivar en Mompeo, al norte de Roma, para constatar esta paradoja. En la finca de olivos y frutales de Giancarlo, en Mompeo, una pequeña localidad agrícola a una hora de Roma, la hierba crece seca y descontrolada. Es urgente cortarla para prevenir incendios, así como podar árboles y contener el avance de los arbustos en sus tres hectáreas de terreno. El problema es claro: no hay trabajadores. "El bosque está devorando los campos que hace décadas eran muy productivos. Tenemos muchos olivos y frutales, pero es un gran problema. Hay que cosechar, podar, limpiar… y solo lo conseguimos tras meses buscando a alguien que quiera hacerlo", explica. Su caso no es aislado. El sector agrícola italiano enfrenta un déficit crónico de mano de obra, para el cual la inmigración podría ser una solución. Italia es el país con uno de los índices demográficos más bajos de Europa. Sin embargo, obtener permisos de residencia se ha vuelto más difícil bajo el gobierno de Meloni, que ha endurecido las políticas migratorias. Joyce, una mujer nigeriana que recientemente consiguió regularizar su situación, subraya la importancia de contar con documentación: "Es difícil conseguir papeles. Pero cuando los tienes, puedes trabajar en hoteles, granjas o cuidando a personas mayores". "Sin miedo por la calle" Rosangela, peruana, vivió durante un tiempo en situación irregular. Hoy, ya regularizada, tiene dos empleos y critica el endurecimiento de las fronteras: "Ahora que tengo mis documentos, ya no tengo miedo al ir por la calle. Creo que los extranjeros aportamos mucho. Muchas italianas no quieren hacer los trabajos que nosotros hacem