Descripción del episodio
Entre 1533 y 1656, el imperio otomano vivió un periodo un tanto singular que la historiografía turca bautizó como “Kadınlar Saltanatı”, el sultanato de las mujeres. No fue propiamente un matriarcado ni una sucesión de sultanas que ocuparon el trono por herencia, sino algo mucho más sutil. Un grupo de mujeres, nacidas casi todas como esclavas, concentró un poder político inmenso que rivalizaba con el de los propios sultanes y que en ocasiones lo superaba. Dos títulos se convirtieron en auténticas instituciones de Estado, el de “Haseki Sultan”, consorte favorita del soberano, y el de “Valide Sultan”, madre del sultán reinante y cima absoluta de la jerarquía femenina en la corte, una posición desde la que se controlaban las finanzas, los nombramientos y la diplomacia. El momento en el que este peculiar periodo de la historia otomana comenzó tiene nombre propio, el de Hürrem Sultan, conocida en Europa occidental como Roxelana. Capturada en 1520 en Rutenia, la actual Ucrania, Hürrem Sultan llegó al harén como una concubina más, pero su inteligencia cautivó a Solimán el Magnífico. El sultán tuvo con ella al menos seis hijos, la liberó de la esclavitud y la convirtió en su esposa legal en 1533, un gesto muy poco habitual en aquel imperio. Hürrem se trasladó al palacio de Topkapi y colocó el harén en el centro del aparato de gobierno. Una vez allí tejió una tupida red de influencias que iba desde la correspondencia diplomática hasta los conflictos sucesorios. El fenómeno obedecía a causas estructurales. El abandono del fratricidio tras la matanza de sus 19 hermanos ordenada por Mehmed III en 1595, dio paso al “kafes”, la jaula en la que se aislaba a los los príncipes. Los sultanes llegaban al trono sin experiencia, frágiles o perturbados, como el niño Mehmed IV, el inestable Mustafá I, Ibrahim el Loco o Selim II el Beodo. Ante ese vacío de autoridad gobernó una y otra vez la Valide Sultan, aliada con el cuerpo de eunucos negros, que actuaban como brazo ejecutor y enlace c