Descripción del episodio
Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! Muy buenas, amigos de Antena Historia, y bienvenidos a este espacio exclusivo para nuestros mecenas, nuestra infantería de línea, los que hacéis posible que sigamos encendiendo los micrófonos cada semana. Hoy nos metemos de lleno en una de esas historias que, si nos las contaran en una película de Hollywood, diríamos que el guionista se ha pasado de frenada. Pero no. Ocurrió aquí mismo, en nuestro suelo, hace más de dos mil un años. Viajamos al siglo I antes de Cristo. Roma está desangrándose en una guerra civil descarnada entre las facciones de Mario y Sila. En mitad de esa carnicería emerge un tipo singular: Quinto Sertorio. Un sabino duro, tuerto de un ojo por una herida de combate, curtido en las carnicerías de las invasiones protogermánicas y que, tras verse en el bando perdedor, decide que su resistencia no va a terminar en el exilio. Se marcha a la península ibérica. Y lo que allí monta no tiene parangón. Sertorio no vino como un conquistador romano al uso; vino a entender la tierra. Se ganó a las tribus hispanas —lusitanos, celtíberos, arévacos— no solo con el filo de la espada, sino con una astucia psicológica brutal. Les habló en su propio idioma de honor, se hizo acompañar por una cierva blanca a la que vendía como un regalo de la diosa Diana y, ojo al dato, fundó en Osca (la actual Huesca) una escuela para educar a los hijos de los jefes locales a la romana. ¿Un gesto de integración o una jugada maestra para tener valiosísimos rehenes imperiales? Lo analizamos al detalle. Durante casi una década, este romano rebelde convirtió Hispania en una República alternativa, derrotando uno tras otro a los mejores generales enviados por el Senado. Hasta que llegó un joven y soberbio Pompeyo, ansioso de gloria, y descubrió que en estas sierras la guerra se hacía de otra manera: con la táctica del desgaste, la emboscada y la desaparición en la ni