Volver al pódcast

El pánico de los centros de datos

1 h 2 min

La ContraCrónica El pánico de los centros de datos Listo para escuchar
0:00 1 h 2 min

Descripción del episodio

La fiebre de la inteligencia artificial ha venido acompañada de un frenesí en la construcción de centros de datos, grandes naves en las que se almacenan los servidores que permiten a esta tecnología funcionar. La infraestructura necesita suelo, suministro eléctrico y agua para refrigerar las máquinas. Las grandes tecnológicas como Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle han comprometido 750.000 millones de dólares en proyectos por todo el mundo. El gasto en centros de datos de aquí a 2030 rondará los 3 billones de dólares. La capacidad de cómputo estadounidense pasaría de este modo de algo menos de 12 gigavatios a cinco veces esa cifra a finales de esta década. Contra ese despliegue se ha levantado la opinión pública en Estados Unidos con una insólita unanimidad. Según los sondeos más recientes el 71% de los estadounidenses se opone a que se construya uno en su municipio frente al 53% que dice lo mismo de una central nuclear. Lo llamativo es que quienes solo han oído hablar de estas instalaciones, pero nunca han visto una, se oponen en la misma proporción que quienes viven a menos de 10 kilómetros de una de ellas. Esto desarma por completo la explicación habitual. No se trata de un caso tradicional de NIMBY, acrónimo de “no en mi patio trasero”, sino de un juicio moral sobre la tecnología que albergan estos complejos en el que participa gente que jamás verá uno de cerca. La política ha traducido el estado de ánimo a velocidad admirable. Bernie Sanders ha pedido una moratoria nacional y, como las elecciones de medio mandato están cerca, los candidatos a la Cámara de Representantes y al Senado se han apresurado a incluir este tema dentro de sus promesas de campaña. Los que ya son senadores y los gobernadores estatales piden restricciones y auditorias sin importar que pertenezcan al partido Demócrata o al Republicano. En la calle el 75% de los demócratas y el 66% de los republicanos rechazan tener uno cerca de casa, así que el asunto parte a los dos partidos por la