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El narco del estrecho

56 min 4 s

La ContraCrónica El narco del estrecho Listo para escuchar
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Descripción del episodio

Este domingo dos encapuchados a bordo de una motocicleta irrumpieron en la barriada de El Rocío, en Isla Cristina (Huelva), y descargaron varias ráfagas de arma larga contra un grupo de personas. Murieron tres de ellas, una mujer de 39 años embarazada de 8 meses, su madre de 62 y un joven de 16 que pasaba por allí. Otras dos personas resultaron heridas. Los agresores quemaron después la motocicleta en un pinar cercano para borrar sus rastros. La Guardia Civil apunta a un ajuste de cuentas entre los clanes Moriña y Salazar, una vendetta familiar tras la que se encuentra el problema del tráfico de drogas en la zona del estrecho y todo el sur peninsular. El suceso, de hecho, no se entiende sin el narcotráfico que lleva décadas transformando esta parte de España. El estrecho de Gibraltar que tiene solo 14 kilómetros de anchura en su punto más angosto, ha sido desde siempre la puerta de entrada del hachís marroquí. Las narcolanchas, propulsadas por motores muy potentes de entre 1.000 y 1.500 caballos, pueden cruzar el estrecho en apenas 15 minutos y dejar la carga en territorio europeo. Alrededor de este negocio se ha ido conformando una infraestructura de almacenes para la mercancía, puntos de repostaje en alta mar y vigilantes. Mano de obra no les ha faltado ya que los narcotraficantes pagan bien a quienes trabajan para ellos. En muchas localidades este tráfico se ha convertido en una saneada fuente de ingresos para mucha gente, por lo que la ley del silencio dificulta cualquier investigación. La presión policial sostenida sobre el Campo de Gibraltar ha provocado un desplazamiento hacia el oeste. La costa de Huelva y más concretamente la desembocadura del Guadiana se han convertido en auténticas autopistas para el narco. El salto del hachís a la cocaína, procedente de Colombia y destinada al mercado europeo, ha multiplicado los márgenes y la violencia. Las bandas van armadas ahora con fusiles de asalto y armamento de guerra. La respuesta más ambiciosa arrancó en 201