Descripción del episodio
El asalto sobre Ceuta del 30 de julio que se tradujo en la entrada ilegal de entre 70.000 y 80.000 personas en la ciudad, es la mayor crisis fronteriza del último medio siglo y, sobre todo, una radiografía del método clásico de gobierno de Pedro Sánchez, el de supeditar cada resorte del Estado (diplomacia, seguridad y hasta la ) a su propia supervivencia, apoyándose en la propaganda y en la búsqueda constante de culpables. Para el Gobierno, la responsabilidad siempre es de otros, de la "ultraderecha", del machismo, del cambio climático, de Trump o de Netanyahu. Lo ocurrido en Ceuta nos muestra a un Gobierno que ha renunciado a gobernar para limitarse a perdurar. Como síntoma del desbarajuste con el que se está gestionando esto la ministra de Defensa, Margarita Robles, declaró el lunes en el parlamento que el CNI advirtió con dos días de antelación del asalto. Poco después el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska dijo lo contrario. El fallo, por tanto, no fue de inteligencia sino de voluntad. La cadena de mando no funcionó y el Estado se encontró no con la guardia baja, sino sin guardia de ningún tipo. Sánchez, por su parte, ha preferido marcar un perfil muy bajo, se ha pasado el mes de vacaciones, primero en Lanzarote y luego en Andorra. Han tardado 26 días para comparecer en el Congreso (después de vetar al Senado que no controlan), casi un mes para reunir el Consejo de Seguridad Nacional y 22 días para nombrar un coordinador. El mando único que reclamó desde el primer día el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, se lo negaron para autorizarlo tres semanas después. A eso habría que sumar el intento de instrumentalizar a Felipe VI, sugiriéndole que llamara al rey de Marruecos para agradecer su colaboración, algo que, en todo caso, corresponde al Gobierno y que sirve a la agenda marroquí de desestabilización institucional. De fondo una relación con Marruecos que es de puro servilismo desde que, hace cuatro años, el Gobierno cambió de postura sobre