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Dinero, deuda y confianza

1 h 31 min

La ContraHistoria Dinero, deuda y confianza Listo para escuchar
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Descripción del episodio

En mayo de 1734 se produjo un incendio en una casa del barrio londinense de Mayfair. Entre los escombros apareció un cuerpo calcinado hasta tal punto que era irreconocible. La justicia concluyó que era el dueño de la casa, un banquero irlandés retirado llamado Richard Cantillon, pero el caso no cuadraba. El fuego se había declarado en la habitación en la que guardaba sus papeles, los criados sobrevivieron todos y meses después desembarcó en Surinam un tal señor Savigni con documentos personales del difunto. La sospecha de que Cantillon fingiese su propia muerte para librarse de pleitos y acreedores no ha sido demostrada, pero tampoco descartada. Cuarenta años antes otro cadáver dio origen a la carrera del segundo protagonista. En 1694 el escocés John Law mató en duelo a Edward Wilson en Londres, fue condenado a muerte por asesinato, se fugó de prisión y se estableció en el continente. Law, hijo de un orfebre de Edimburgo, creció viendo cómo los recibos de depósito de su padre circulaban como si fueran oro, a partir de ahí dedujo que el dinero no vale por sí mismo, sino por la confianza que inspira. Durante veinte años vivió del cálculo de probabilidades apostando en timbas de naipes por toda Europa mientras estudiaba el funcionamiento del Wisselbank de Ámsterdam y del recién nacido Banco de Inglaterra. En 1705 propuso que se crease un gran banco nacional emisor de papel moneda. En Escocia e Italia rechazaron la idea, pero no en Francia, donde encontró un terreno fértil. Cantillon pertenecía a la nobleza católica irlandesa arruinada por las confiscaciones. Aprendió la lección contraria, solo es seguro el patrimonio que se puede mover rápido. Pasó por varias ciudades comerciales como Burdeos, Nantes y Cádiz y fue el primero en dar naturaleza económica al término empresario. Un empresario era para Cantillon todo aquel que compra a precios ciertos para vender a precios inciertos, luego, soportando esa incertidumbre, ajusta la producción a la demanda sin que nadie lo d