Descripción del episodio
Cuando Fernando III el Santo murió en Sevilla en 1252, dejó a su hijo Alfonso X una recrecida por la mayor expansión territorial de la Reconquista. El valle del Guadalquivir con grandes ciudades como Córdoba y Sevilla acababa de ser incorporado y el islam peninsular quedaba reducido al reino nazarí de Granada, convertido ya en un simple vasallo. Nacido en Toledo en 1221, hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia, Alfonso reunía la herencia castellana, la leonesa y la imperial de los Hohenstaufen. Subió al trono con 30 años y concibió un proyecto de monarquía fuerte, ordenada por leyes uniformes y revestida de dignidad casi sagrada. Su sobrenombre no responde tanto a su erudición personal, sino a haber convertido la corte en el mayor taller intelectual de Europa, un lugar en el que juristas, cronistas, poetas y astrónomos trabajaban de forma coordinada y en lengua romance. El monumento jurídico de ese esfuerzo son las Siete Partidas, redactadas en torno a 1260, organizadas en siete libros cuyas iniciales forman el nombre del rey y se nutren del derecho romano, el canónico y la tradición peninsular. Su aplicación fue limitada por el recelo nobiliario y no adquirieron pleno vigor hasta un siglo más tarde, pero influyeron durante siglos y llegaron a la América hispana. Antes de eso promovió el Fuero Real y el Espéculo para racionalizar la ordenación de sus reinos. En lo literario y musical destacan las Cantigas de Santa María, más de 420 composiciones marianas escritas en galaicoportugués y conservadas en códices iluminados con notación musical. La historia se confió a la “Estoria de España” o “Primera Crónica General”, que armonizó crónicas latinas, fuentes árabes y cantares de gesta, a la que se sumó la inconclusa “General Estoria”. El reinado elevó el castellano a lengua de cultura y administración, y alumbró logros científicos como las Tablas alfonsíes, difundidas por Europa durante más de dos siglos. De fondo, la Escuela de Traductores de Toledo en la qu