Descripción del episodio
Para tranquilidad de los más puristas, no vamos a hablar de silenciosos coches eléctricos ni de eficientes y pesadas baterías. Quizás el AC Cobra sea el mejor "híbrido" que jamás haya visto la industria del automóvil. Fue una de las ideas más magistrales, salvajes y revolucionarias de todos los tiempos. Este mítico vehículo es el resultado de la brillante visión de Carroll Shelby, quien decidió cruzar la agilidad y ligereza extrema de un delicado chasis británico con la fuerza bruta y el empuje de un motor V8 norteamericano, reuniendo lo mejor de dos mundos diametralmente opuestos en un solo coche de ensueño. El cerebro detrás de este imponente deportivo pertenecía a uno de los hombres más astutos, irreverentes y testarudos de la historia del automovilismo: Carroll Hall Shelby. Nacido en 1923 en Leesburg, una pequeña y polvorienta localidad del estado de Texas, Shelby estaba muy lejos del clásico estereotipo de ingeniero de guante blanco o de aristócrata europeo que competía apoyado en una gran fortuna. Era un humilde criador de pollos que se arruinó de la noche a la mañana cuando una feroz epidemia de la enfermedad de Newcastle aniquiló todas sus aves. Esa asfixiante ruina económica, combinada con su enorme pasión por la velocidad, lo empujó a las carreras bastante tarde. Su leyenda se forjó cuando, al llegar con retraso a su primera competición, tuvo que correr al volante con su sucio peto a rayas típico de granjero tejano. Ganó con una superioridad tan insultante que convirtió ese peculiar mono de trabajo en su seña de identidad inconfundible. Su carrera como piloto alcanzó el máximo nivel de gloria en 1959. A los mandos de un Aston Martin DBR1 oficial y haciendo equipo con Roy Salvadori, Shelby logró la victoria absoluta en las durísimas 24 Horas de Le Mans. Lo que casi nadie del público sabía era que corrió aquella prueba de resistencia francesa sufriendo una severa angina de pecho, obligándose a llevar fuertes pastillas de nitroglicerina bajo la lengu