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35. la princesa y el guisante

10 min 43 s

Cuentos encantados 35. la princesa y el guisante Listo para escuchar
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Descripción del episodio

Este cuento narra la historia de una auténtica princesa y un pequeño guisante... Hace mucho tiempo, en un muy reino lejano, vivía un joven príncipe al que nunca le faltaba de nada. Pero éste no era un príncipe feliz, ya que, a pesar de que tenía todas las tierras que deseaba, todos los juguetes y todos los manjares, no lograba encontrar una verdadera princesa con quien casarse. - ¡Eres demasiado exigente! - le decía siempre su madre la reina - ya has conocido a todas las princesas hermosas, inteligentes y encantadoras del mundo, pero ninguna te ha hecho verdaderamente feliz. - Lo sé mamá, gracias por presentarme a cada una de ellas - respondía tristemente el príncipe - pero es muy difícil encontrar una verdadera princesa. Aun así, estoy seguro de que algún día la encontraré. Quitando el hecho de que ya había conocido a todas las princesas de los reinos cercanos, y que cada día estaba más y más triste, en lo más profundo de su corazón, el príncipe intuía que en alguna parte, antes o después, la encontraría. Prometió nunca jamas dejar de buscarla. - He conocido muchas jóvenes que se dicen princesas - explicaba - ¡Altas, bajas, grandes, pequeñas, rubias y morenas! El mundo entero las llama princesas. Algunas son muy hermosas sí, otras son muy inteligentes. Muchas son encantadoras…..Pero con ninguna he sentido la magia y el amor. Pasaron los días, las semanas y los meses, y el príncipe navegó por los mares del mundo en busca de su novia perfecta. Visitó palacios en Persia y Perú, castillos en China y España. Pero no encontró a su media naranja, así que sin darse cuenta, dejó pasar el tiempo y para cuando volvió a su país, el otoño estaba ya dando paso a un invierno frío y gris. Una noche, poco después de su regreso, una tormenta sorprendió al reino. Los truenos y relámpagos se oían y veían a kilómetros de distancia, y un viento helado se colaba por las ventanas y puertas de palacio congelando todos sus rincones. El príncipe se había ido a dormir, mientras el re